Por qué la alianza con Raselli Franco es clave en la estrategia de Kering en joyería
Kering ha marcado un nuevo hito decisivo en su reposicionamiento estructural. El líder francés del lujo ha oficializado la adquisición de una participación del 20 por ciento en el grupo Raselli Franco, una figura clave en la fabricación independiente de joyería en Europa, por un valor de 115 millones de euros. Esta operación, cuyos primeros pasos se anunciaron en diciembre de 2025, sienta las bases para una toma de participación mayoritaria, prevista para 2032.
Aunque a primera vista esta maniobra podría parecer una simple racionalización industrial con un proveedor, en realidad refleja una profunda reestructuración del modelo operativo de Kering. El grupo está acelerando su expansión en la alta joyería, al tiempo que consolida su control sobre la cadena de valor.
Del prestigio de marca a la soberanía industrial
Durante décadas, la industria del lujo ha prosperado sobre un modelo binario que distinguía el aura creativa de las firmas de una cadena de suministro externalizada y fragmentada. Hoy, este paradigma ha quedado obsoleto.
La entrada progresiva en el capital de Raselli Franco confirma una tendencia fundamental en el lujo: la integración vertical. Los grupos LVMH y Richemont ya han internalizado en gran medida sus capacidades de producción, especialmente en los sectores de la joyería y la relojería.
Esta lógica económica responde a necesidades concretas. Controlar el aparato industrial permite garantizar una calidad constante, ganar agilidad frente al mercado y gestionar mejor los márgenes. Es, además, una palanca indispensable para asegurar la trazabilidad de los materiales preciosos a lo largo de toda la cadena.
Tal y como analiza Bain & Company en su último informe sobre el mercado del lujo, el control soberano de la cadena de suministro se ha convertido en un “diferenciador competitivo crítico para los actores comprometidos con una trayectoria de crecimiento resiliente y sostenible”.
En el sector de la joyería, este reto es aún más fundamental. A diferencia de la moda, más propicia a una externalización flexible, la alta joyería exige un savoir-faire técnico excepcional, una precisión milimétrica y rigurosos protocolos de abastecimiento.
Un activo industrial clave para la división Kering Jewellery
Esta adquisición constituye una piedra angular para la división Kering Jewellery. Esta entidad, que agrupa a firmas prestigiosas como Boucheron, Pomellato, Dodo y Qeelin, está llamada a consolidarse como un potente motor de crecimiento, complementario a los pilares de la moda y la marroquinería.
La integración de Raselli Franco materializa esta ambición. Con una plantilla de más de 500 empleados, una producción anual de 300.000 piezas y el engaste de más de cuatro millones de gemas al año, el fabricante italiano aporta a Kering una capacidad industrial inmediata y una reconocida experiencia técnica. Más allá del volumen de producción, se trata de anclar competencias fundamentales en el corazón del ecosistema del grupo, fomentando una mayor sinergia entre las fases de diseño, prototipado y fabricación.
Diversificación y reducción de la exposición al riesgo de Gucci
Este movimiento táctico también aborda un reto de diversificación de la cartera: la concentración del riesgo en la firma Gucci. Históricamente, la marca italiana ha generado una parte preponderante de la facturación y de la rentabilidad operativa del grupo. Una ralentización en su dinámica de crecimiento impactaba de inmediato en los resultados consolidados, un riesgo que la comunidad financiera lleva tiempo señalando (según Reuters, Gucci ha contribuido con más del 50 por ciento al resultado operativo en ejercicios anteriores).
En este sentido, la joyería se perfila como una eficaz palanca de diversificación. A diferencia de la moda, este segmento presenta ciclos de producto más largos, menor volatilidad estacional, atractivos márgenes por unidad y un valor patrimonial intrínseco. Como señala McKinsey, la joyería de lujo es “estructuralmente más resiliente a los ciclos económicos, gracias a su dimensión emocional y a su condición de inversión”. Al reforzar sus activos en este mercado, Kering lleva a cabo un prudente reequilibrio de sus fuentes de ingresos.
La carrera por alcanzar una masa crítica frente a los líderes del sector
La ofensiva de Kering en la joyería responde a una imperiosa necesidad competitiva. Richemont afianza su dominio gracias al prestigio de Cartier y Van Cleef & Arpels, mientras que LVMH ha consolidado considerablemente su posición con la integración de Tiffany & Co. y el desarrollo de Bulgari. Frente a estos actores hegemónicos, Kering mantiene una cuota de mercado más modesta.
A través de la creación de la división Kering Jewellery, junto con la progresiva toma de participación en Raselli Franco, el grupo parece querer cerrar la brecha y alcanzar la masa crítica necesaria. Sin embargo, la mera acumulación de activos no es suficiente. La ventaja competitiva sostenible de los líderes reside en la combinación del atractivo de las marcas, la excelencia en la distribución (retail) y el dominio industrial. Es en este último pilar estratégico donde Raselli Franco actúa como un acelerador del rendimiento.
Garantizar el suministro en un entorno restrictivo
Más allá de los imperativos de crecimiento, esta operación responde a las crecientes exigencias regulatorias y éticas de la industria del lujo. La producción de joyería está sujeta a unos requisitos de trazabilidad y abastecimiento sostenible sin precedentes.
Raselli Franco cuenta con la certificación del Responsible Jewellery Council (RJC), un referente en el sector. Este compromiso se alinea con la política de desarrollo sostenible de Kering. Como subraya el World Gold Council, la transparencia y el abastecimiento responsable son ya criterios no negociables para los consumidores de productos de lujo. Mantener el control interno de una parte del aparato de producción otorga a Kering un mayor dominio sobre estos retos reputacionales y operativos, reduciendo su dependencia de terceros.
Una apuesta industrial a largo plazo
La estructura de la transacción revela un enfoque prudente. En lugar de una adquisición inmediata y total, Kering ha optado por un plan de integración progresivo que culminará en 2032.
Esta decisión demuestra una voluntad de gestionar la integración por etapas, garantizando la continuidad operativa y la alineación de los intereses de las partes implicadas a largo plazo. También confirma que Kering concibe esta operación como una inversión estructural para la próxima década, y no como un simple ajuste táctico. En el universo del lujo, la asimilación industrial requiere tiempo para alinear culturas, procesos y savoir-faire. Al escalonar la adquisición, el grupo mitiga los riesgos de ejecución y reafirma su visión industrial.
Redefinición de la arquitectura del grupo
La adquisición de Raselli Franco trasciende el marco de una simple transacción. Se inscribe en un proceso de reingeniería global del modelo de negocio de Kering. El grupo busca reducir su exposición a la volatilidad de la moda, reforzar sus posiciones en segmentos más resilientes e internalizar el valor mediante el control de su aparato industrial.
La joyería, cuya facturación alcanzó los 935 millones de euros en 2025, se consolida como un pilar de crecimiento creíble en esta nueva arquitectura. Si esta dinámica de integración se lleva a cabo con éxito, podría reconfigurar el equilibrio financiero y operativo del grupo, limitando su sensibilidad a los ciclos de la moda y construyendo un modelo de crecimiento más estable, sostenible y generador de valor.
Este artículo fue originalmente publicado en otro idioma dentro de la red internacional de FashionUnited y después traducido al español usando una herramienta de inteligencia artificial.
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